¡Mi solidaridad con los liquidadores de sueldos! Y una mención especial a los desarrolladores de software.
Hace tiempo que vengo pensando que el recibo de sueldo dejó de ser un simple comprobante de pago para convertirse en un medio de difusión de políticas laborales. Ya no les bastan las redes sociales, los medios gráficos ni la televisión; ahora se empeñan, indefectiblemente, en hacer que el recibo de haberes plasme los "logros" o las posturas que los funcionarios y sindicalistas de turno quieren autoreivindicar ante los trabajadores. El objetivo real parece haber quedado en segundo plano: lo importante es que el empleado sepa, renglón por renglón, cada beneficio o costo que los gobernantes quieren que vea.
El antecedente: Ganancias y el cálculo inentendible
En otras épocas, el campo de batalla preferido fue el Impuesto a las Ganancias. Cada nueva negociación política agregaba una línea obligatoria para destacar la exclusión de algún ítem. Así, los sistemas tuvieron que empezar a incluir leyendas del estilo: "Beneficio obtenido por la exclusión del aguinaldo según Decreto XXX". Llegó un punto en que el cálculo del impuesto pasó a ser algo totalmente inentendible, dividiendo un tributo que es anual en períodos arbitrarios, según la urgencia con la que se reunían los negociadores.
La explosión de los "No Remunerativos"
Con la llegada de la alta inflación, aparecieron las famosas sumas no remunerativas. Pero claro, nada de resolverlo con un renglón simple y genérico. Algunos convenios colectivos obligan a distribuir ese beneficio de forma proporcional en cada concepto del recibo: presentismo no remunerativo, antigüedad no remunerativa, adicional no remunerativo, SAC no remunerativo...
Esto, que se define con una firma en una paritaria, para los que parametrizan sistemas significó una pesadilla técnica: estas sumas, a pesar de su nombre, debían empezar a ser consideradas para los topes de aportes de Seguridad Social y Obra Social, rompiendo cualquier lógica de cálculo estándar.
Retroactivos y "perlitas" de pizarrón
Como si esto fuera poco, aparecieron los retroactivos aplicados a esas mismas sumas, tanto remunerativas como no remunerativas. De golpe, los sistemas tuvieron que soportar recalculaciones de hasta tres meses hacia atrás. Y en el camino, nos hemos topado con "perlitas" hermosas, como convenios que exigían que el aguinaldo se calculara de forma aislada, tomando únicamente el último sueldo percibido. En fin, un festival de ideas ingeniosas de personas que en su vida liquidaron un sueldo.
Detrás de cada uno de estos parches normativos, hay un equipo de profesionales de TI y liquidadores pasando noches en vela, modificando fórmulas complejas, validando bases de datos y cruzando los dedos para que los sistemas no colapsen ante tanta contradicción jurídica.
La frutilla del postre: El "nuevo look" del segundo semestre
Para rematarla, ahora nos desayunamos con un nuevo diseño totalmente renovado para este segundo semestre. Esta vez la exigencia ¡es estética! La nueva disposición obliga a estructurar el recibo de una manera muy particular: mostrando en primer término las contribuciones de los empleadores, luego el sueldo del trabajador con sus deducciones y, para el final... ¡la frutilla del postre! Un gráfico de tortas para que el empleado visualice, con colores amigables, la porción que le corresponde de la torta.
Imagino la escena: mientras el liquidador intenta que el sistema no explote calculando retroactivos mal redactados, el desarrollador de software carga sobre sus hombros la exigencia de sacarlo ya!. Todo sea para que el recibo sea más "educativo", aunque en el proceso sigamos sumando capas de código y burocracia a una tarea que debería ser tan simple como pagar por el trabajo realizado.
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